Cordobesa (por nacimiento y por opción), mamá de Mariano y Joaquín (en estricto orden de aparición), bibliotecaria (para tener muchos libros sin tener que pagar por ellos), torinera y entusiasta de las palabras... Desde septiembre de 1996 se corta el pelo sola. Hace mucho tiempo discute groseramente frente al televisor con los periodistas que comentan estupideces. Ha desarrollado un inusitado control para contener insultos en cualquier sala de espera. Construyó una casa con cada marido que tuvo. En el año 2008 se compró por fin un Grand Routier modelo 81, años más tarde lo sacrificó para construir su última casa. Desde que tiene memoria no soporta que le embolsen la mercadería en el supermercado. Hace tres años vigila la cantidad de cigarrillos que fuma poniéndolos en una latita. Jamás a fin de año se propuso metas para el año siguiente. Actualmente compra muchas pinturas de uñas que nunca usa. Planea jubilarse entre los años 2032 y 2037. Además, batalla diariamente contra los miedos, le tiemblan las manos y sabe que es por sus inseguridades, esconde sus angustias todo el tiempo respondiendo yo muy bien, ¿y vos?, se refugia en el abrazo de su compañero, en la mirada futuro de sus hijos, y en la risa de sus amigas.


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Alternando grupos de tres y cuatro poemas estas “estaciones” donde reina el silencio, el deseo, el anhelo, la soledad, la sombra y el suspenso, constituyen un conjunto cuidadoso de palabras que hablan del erotismo, de las despedidas y las pérdidas, de los miedos, los anhelos y la melancolía y hallan su equilibrio perfecto entre la quietud y el inevitable fluir del tiempo.
De allí la metáfora de la estación, “lúcida en premisas” como diría Hugo Padeletti, espacio del antes y el después, de la cima y el abismo, del cuerpo pleno y la ceniza, de la pasión presa del hálito de lo real y siempre expuesta a la intemperie.
Las estaciones dibujan momentos que pasan y se pierden y sin embargo, cada momento es también, en sus acentuaciones diversas, el instante en que se revela la forma y algo fulgura y comienza en el poema.
Resplandor sobre la superficie del mundo, atenta al corazón mismo de las cosas, esta poesía, pura imagen y ritmo, brilla como una nueva forma de vida y “promete un paisaje arcoíris”.
Silvia N. Barei

Participan:
Silvia N. Barei (texto de contratapa)
Ernestina Elorriaga (Prólogo)
Joaquín Abt (fotografía de solapa)
Carolina Martínez (ilustración de portada)

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NATALONIA, SILVIA
El libro de las estaciones / Silvia Nataloni; comentarios de Silvia N. Barei; ilustrado por Carolina Martínez; prólogo de Ernestina Elorriaga. -1a ed.- Villa María: Mascarón de proa, 2020. 64 p.: il.; 23 x 14 cm.
ISBN 978-987-47106-9-7
1. Poesía Argentina. I. Barei, Silvia N., com. II. Martínez, Carolina, ilus. III. Elorriaga, Ernestina, prolog. IV. Título.
CDD A861