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La física cuántica de los abrazos: Passadore y el amor resistente

Por Darío Valenzuela


Escribir poesía de amor en el siglo XXI es un desafío gigantesco. Un desafío acechado por la prisa de las pantallas, el cinismo de las redes y el desgaste de las fórmulas románticas. Es ahí, donde el poema amoroso suele caer en la ingenuidad o en el artificio. Sin embargo, Dardo Passadore esquiva ambas trampas con una honestidad desarticuladora en Desentrelazándose. El autor asume el amor desde la carne golpeada y la conciencia del tiempo. Su poética dialoga con la madurez: no hay promesas adolescentes, sino la certeza de que amar implica arriesgarse a la devastación («Tus labios aún están en mí / acojonados en mi vitrina... una devastación que todo lo justifica»). Lo particularmente maravilloso de su propuesta, es descubrir cómo une lo infinitamente pequeño (el "nanoamor", el mate mañanero) con lo infinitamente grande (las galaxias en el living, el choque de mundos). Cuando Dardo habla de los "dedos desentrelazándose", no canta a la derrota: canta a la física del desprendimiento, a ese segundo interminable donde dos seres se saben eternos aunque la vida o la muerte decidan separarlos. Desentrelazándose instala, desde mi humilde y subjetivo entendimiento, a Dardo Passadore entre las voces más originales de la poesía rioplatense contemporánea. Su libro nos demuestra que mientras haya una voz dispuesta a detenerse en una hendija de luz o en el pulso de una mano querida, el amor seguirá siendo la única revolución posible contra el olvido.